Follow by Email

martes, 14 de junio de 2011

INTERACCIONES DE HIERBAS Y FÁRMACOS (Fibromialgia Noticias)

El consumo de plantas medicinales no siempre resulta beneficioso, sobre todo, cuando se toman medicamentos a la vez.
En los últimos años, el consumo de plantas medicinales ha experimentado un notable incremento. Algunos estudios han puesto de manifiesto que uno de cada cinco pacientes que está en tratamiento con medicamentos consume a la vez hierbas medicinales. Pero no están exentas de efectos secundarios y son posibles las interacciones entre los efectos de los fármacos y las plantas. Por esta razón, es necesario que tanto los consumidores como los profesionales sanitarios estén alerta respecto a esta posibilidad, que puede comportar un riesgo para la salud.

A menudo, se cree que las plantas medicinales no causan efectos perjudiciales. Se consideran "productos naturales" y muchas personas las consumen en sustitución de medicamentos porque piensan que carecen de efectos secundarios. El hecho de que se empleen desde la antigüedad y que puedan adquirirse sin receta, incluso en grandes almacenes, favorece que se estimen inofensivas y que se utilicen sin tener en cuenta los posibles riesgos y efectos.

No obstante, esta idea es del todo errónea. Al igual que las plantas contienen principios activos que pueden mejorar ciertos problemas de salud, estas mismas sustancias pueden resultar perjudiciales. Además, cabe la posibilidad de que hierbas y medicamentos compartan los mismos principios activos.

Hierbas y medicamentos
Algunos de los problemas del consumo de plantas se relacionan con la confusión con otra especie por identificación errónea o por contaminación del producto, ya sea con microorganismos o con productos químicos. Por otra parte, también son posibles variaciones en el contenido de los principios activos según la zona geográfica, la estación en que se haya recolectado la planta o la parte que se use. Igual que en los medicamentos, pueden provocar intoxicaciones y reacciones alérgicas.

Con frecuencia, el consumo de hierbas se solapa con el del medicamento usado para el mismo problema de salud o para otro distinto. En este caso, los elementos activos de la planta pueden interaccionar con el fármaco y causar variaciones en su efecto. Puede afectar tanto a la absorción del fármaco como a su distribución, metabolismo o excreción. En cuanto a la absorción de medicamentos, cuando hay una interacción, las hierbas medicinales reducen los niveles del fármaco, con lo que disminuye su actividad terapéutica.

Otro aspecto que se debe considerar es que muchas tienen efectos laxantes y provocan una disminución en la absorción de determinados elementos, como el calcio, el hierro, el litio o los anticoagulantes orales. También pueden alterar el pH y la motilidad digestiva y favorecer la formación de complejos no absorbibles.

Los elementos de la planta pueden interaccionar con el fármaco y provocar cambios en su absorción, distribución, metabolismo o excreción

Las plantas medicinales pueden provocar que el fármaco quede libre en la sangre y se modifique su distribución, es decir, el transporte del fármaco en la sangre hasta el punto donde ejerce su acción. Una de las interacciones más importantes se registra en el metabolismo del fármaco. Sería el caso del hipérico, un inductor del citocromo P450, clave en la metabolización de muchas sustancias. Por otra parte, hierbas con propiedades diuréticas podrían interferir con fármacos de eliminación renal.

También pueden desarrollarse efectos aditivos y potenciadores entre medicamentos y plantas. Esto sucede en las hierbas con propiedades sedantes o hipotensoras, que podrían incrementar la acción de fármacos con estas características. De nuevo, el hipérico, por sus propiedades antidepresivas, puede interaccionar con algunos fármacos antidepresivos con los que comparte similar mecanismo de acción.

Se debe permanecer alerta ante el consumo de plantas, sobre todo, cuando se solapa con el de ciertos medicamentos con potencial para provocar interacciones clínicas relevantes, como los anticoagulantes, los medicamentos usados para la epilepsia, los fármacos para el sida e inmunosupresores, entre otros. De igual forma, estas interacciones pueden tener una gran trascendencia clínica en enfermedades graves o en personas con insuficiencia hepática o renal, así como en pacientes polimedicados, en quienes las probabilidades de una interacción aumentan de manera considerable. En este caso, los ancianos tendrían una mayor susceptibilidad de sufrirlas.

Medicamentos y plantas de consumo frecuente

-Ajo, Angélica, Sauce blanco: potencian los efectos de fármacos anticoagulantes y aspirina, de manera que pueden provocar sangrados.
-Cáscara sagrada: interfiere en la absorción intestinal de fármacos y puede disminuir su efectividad.
-Espino blanco: potencia el efecto de algunos fármacos en pacientes cardiópatas (digoxina) y puede provocar intoxicaciones por incremento de sus efectos.
-Gingseng: potencia los efectos de anticoagulantes y aspirina y puede provocar sangrados. Potencia los efectos de los antidiabéticos orales, con las consiguientes hipoglucemias. Interfiere con algunos antidepresivos y puede causar efectos maniacos.
-Ginkgo biloba: potencia los efectos de anticoagulantes y aspirina y puede provocar sangrados. Puede potenciar los efectos de algunos antidepresivos.
-Goma guar: disminuye el efecto de algunos antidiabéticos.
-Hipérico: interfiere con medicamentos antidepresivos. Puede provocar somnolencia. Disminuye la concentración plasmática de muchos fármacos al interferir con su metabolización.
-Regaliz: puede interferir con los corticoides.
-Salvia: potencia los efectos de anticoagulantes.
-Valeriana: potencia los efectos de los sedantes.
-Zaragatona: interfiere en la absorción de algunos compuestos (hierro, calcio, vitaminas...).

El CONSUMO DE PLANTAS MEDICINALES EN ESPAÑA

El consumo de plantas medicinales es una práctica habitual que, en los últimos años, ha aumentado. No obstante, España aún continúa rezagada con respecto a otros países, como Alemania y Francia, donde la fitoterapia está incluida en los listados de medicinas de sus sistemas de salud.

En España, estudios realizados estiman que alrededor de un 30% de la población las consume de forma habitual. Sin embargo, dos estudios realizados en Cataluña confirmaron que las consumía hasta un 50%. Según un informe realizado en 2007 por el Centro de Investigación sobre Fitoterapia, cada ciudadano gasta una media de cinco euros al año en estos productos. En este estudio también se constató que 3 de cada 4 consumidores son mujeres y que las personas de mediana edad prevalecen sobre los más jóvenes.

Por otra parte, la mayoría de las personas que las utilizan reconocen que siguen una tradición familiar y que en su entorno también se consumen. Una gran proporción las adquiere de forma usual en herbolarios y la mayoría de los consumidores se muestran entre "bastante" y "muy" satisfechos de la eficacia de estos productos.

Por lo general, las hierbas medicinales se utilizan para remediar alteraciones de salud poco relevantes o como tratamiento preventivo, aunque en algunos casos puedan usarse para cuestiones de mayor importancia. Con frecuencia se busca solución a ciertas afecciones para las cuales la medicina convencional tiene menos recursos. Sería el caso de quienes pretenden adelgazar o buscan efectos estimulantes. Los problemas de salud que con más frecuencia se tratan con la fitoterapia son los digestivos (estreñimiento y problemas de digestión), la ansiedad, el insomnio y los problemas de sobrepeso.

Las especies vegetales medicinales más consumidas en España son: el eucalipto, la manzanilla, el té, la hierbabuena, el regaliz, la salvia, el sen, la tila, la valeriana, el anís verde, el poleo, el boldo, el ginseng, la cáscara sagrada y el ginko-biloba.

domingo, 12 de junio de 2011

EL CUERPO DEL DELITO

«Los cuerpos del delito»: injusticias y oportunidades en los Síndromes de Sensibilidad Central
Clara Valverde

Los Síndromes de Sensibilidad Central, como el Síndrome de Fatiga Crónica/Encefalitis Miálgica, las Sensibilidades Químicas Múltiples y la Fibromialgia,ponen en evidencia desigualdades e injusticias, evidencia ante la cual la sociedadpolítica y civil reacciona con diferentes tipos de violencia, exclusión yotros abusos de poder. Pero esta situación específica también ofrece la oportunidadde conectar temas sociopolíticos clave y, en ese acto de conectar,existe una oportunidad de crear pensamiento crítico en torno a una cuestiónno exenta de polémica.
El Síndrome de Fatiga Crónica/Encefalitis Miálgica (SFC/EM), la fibromialgia(FM) y las Sensibilidades Químicas Múltiples (SQM) son enfermedadesorgánicas, o sea físicas y no psicológicas, multisistémicas2 que, aún teniendoalgunos síntomas diferentes, tienen desarreglos genéticos y bioquímicos similares,3 y también disfunciones inmunológicas, neurológicas y cardiovascularescomunes.4 Por sus similitudes, se agrupan juntas bajo el nombre de Síndromes de Sensibilidad Central.5 Las tres enfermedades se superponen y, en las tres, los tóxicos y los virus (y posiblemente los retrovirus) juegan un rol clave.6 Aunque al principio sólo la implicación viral era la aceptada por los científicos, ahora ya está reconocido el rol de los tóxicos hasta en los criterios internacionales para diagnosticar estas enfermedades. Son enfermedades multisistémicas porque, comparadas con la mayoría del resto de las enfermedades en las que se ve afectado sólo un sistema del cuerpo (como la esclerosis múltiple que afecta al sistema nervioso), en estas patologías están afectados varios sistemas del mismo, principalmente el inmunológico, pero también el endocrinológico, el neurológico, el cardiovascular, el digestivo y otros. Las disfunciones multisistémicas producen, en las personas con SSC, síntomas fluctuantes extremos e imprevisibles, una desconcertante mezcla de gripe permanente, problemas de memoria, mareos, desmayos, dolor, fatiga extrema, desarreglos hormonales y digestivos y otras alteraciones discapacitantes.
Aunque dos de estas tres enfermedades (el SFC/EM y la FM) están reconocidas y clasificadas desde hace años por la Organización Mundial de la Salud, el vivir con una o más de estas patologías implica exclusión.9 Sin escogerlo y sin realmente darse cuenta, las personas con SSC ponen en evidencia gran parte de lo que no funciona en nuestra sociedad desigualdades de clase y la exclusión de los que no producen ni consumen, discriminación de género, el pensamiento lineal y reduccionista de la medicina, la destrucción del medio ambiente a manos de un desarrollo incontrolado y tóxico, ritmos de trabajo frenéticos y abusivos, etc. Ante esta puesta en evidencia, la sociedad en los países desarrollados reacciona con lo que Appadurai llama «la ansiedad de lo incompleto»,11 puesto que pone de manifiesto la corta distancia que hay entre la cómoda situación de “los sanos” y los niveles inaceptables de incertidumbre, imprevisibilidad y el estatus incompleto con los que viven las personas con SSC. Estas patologías muestran que la “seguridad” de estar sano antes de la vejez es frágil y que las enfermedades nuevas y no totalmente definidas son el lado oscuro de la sociedad.
Aunque estas enfermedades son del cuerpo y como tal deberían ser atendidas por el sistema sanitario, en los países desarrollados en los que estas enfermedades se están diagnosticando y tienen una alta prevalencia, se excluye a los enfermos con SSC dejándolos en un limbo médico y legal, en un estado de excepción que, como ha escrito Agamben,12 no es la excepción sino la norma para estas enfermedades.

Entre la indefinición y la definición

Los SSC comienzan a manifestarse, sobre todo, en los adultos jóvenes, aunque también enferman niños y adolescentes, cuando la persona está empezando su etapa más activa y productiva. Exposiciones a tóxicos o virus desencadenan estas patologías en el 0,5 al 5% de la población general que tiene la predisposición genética sin saberlo, y obligan a la persona enferma a vivir, sobre todo, encerrada en su casa, echada, en un estado de semidependencia o de dependencia con imprevisibles momentos de discapacidad y de capacidad. Esta transformación, sin señales externas aparentes, incomoda al entorno del enfermo y a la sociedad.


También los SSC incomodan porque hacen surgir el tema de la indefinición, ya que la complejidad multisistémica de estas patologías está lejos del pensamiento médico lineal en el que las enfermedades se atribuyen a sólo un patógeno, a un solo sistema del cuerpo o a sólo un órgano. Para los enfermos, la indefinición, ese estado de suspensión, aumenta su sufrimiento porque les crea problemas para obtener un diagnóstico y lo que eso facilitaría (reconocimiento social, acceso a ayudas, clarificación de su estatus laboral, etc.). Pero, al mismo tiempo, esta cierta indefinición que existe aún en los SSC, puede ser un momento histórico privilegiado.
En este tiempo, aún se puede tener «una especie de contrato previo a todo discurso y libre de los embarazos del lenguaje, lenguaje que, en la cultura médica occidental, encasilla enfermedades ligándolas sólo a un diagnóstico conocido y a una manera “aceptable” de vivir cada enfermedad. Los SSC ofrecen la oportunidad de osar a pensar la salud, el cuerpo y la experiencia de la enfermedad de nuevas maneras y, posiblemente, poner en cuestión las definiciones y esfuerzos del poder médico y político para controlar y “normalizar” a las personas con SSC, a través de intentar esconder o de ignorar las limitaciones que manifiestan estos enfermos que tanto incomodan a la sociedad. Pero, desgraciadamente, el potencial creativo y transformador de la indefinición no está siendo aprovechado por el establishment médico, las administraciones ni la sociedad. Todo lo contrario.
Las personas con SSC, por sus síntomas extremos, sin proponérselo, rompen los códigos ordenadores y las ideas sobre el orden, creando «una experiencia desnuda del orden sin modos de ser».15 En este momento, los SSC están entre la indefinición y la definición. El Estado, por un lado, no quiere que los SSC se definan más específicamente porque eso exigiría crear servicios sanitarios relevantes y dar pensiones a estos enfermos. Pero, por otro lado, el Estado prefiere adherirse al diagnóstico de que –como en el caso del Reino Unido y otros países en donde los SSC y otros estados emergentes relacionados con el medioambiente (sensibilidad electromagnética, intoxicaciones crónicas por metales pesados, etc.)– son enfermedades psicológicas.
Estrategias del poder
A pesar de que es cada vez más obvio que estas enfermedades tienen una alta prevalencia, las Administraciones Públicas, los partidos políticos y las numerosas organizaciones que financian y apoyan, el establishment médico, la farmaindustria, las industrias químicas y otras instituciones desarrollan estrategias para asegurarse de que los SCC no cuestionan  ni alteran su poder. A través de numerosos puntos de intervención, intentan llevar a cabo lo que Foucault llama «normalización»: un control continuo a través de profesionales (médicos, psicólogos, evaluadores y administrativos) que son invitados a ejercer funciones policiales, cada vez más precisas.
Pero hay dos factores a tener en mente. Primero, que el número de personas que están enfermando con SSC crece año tras año. Estas enfermedades son la punta del iceberg debido al aumento de los tóxicos en el medio ambiente17 y a la mutación y la proliferación de virus. Al mismo tiempo, a través de las nuevas tecnologías, los enfermos están más informados y se organizan entre ellos aún estando, la mayor parte, limitados a vivir encerrados en sus hogares. Ante estos dos factores, podemos ver que las Administraciones y otras instituciones tienen que cambiar sus estrategias a medida que las desenmascaran los enfermos a título individual o desde distintas asociaciones.
Estas estrategias de control tienen como objetivo intentar mantener callados y pasivos a los enfermos, forzándoles a aceptar las “normas” que son mucho más nocivas que las “leyes”, ya que las leyes son conocidas y están al descubierto, mientras que las normas actúan a la sombra por medio de «normalizadores competentes»18 como médicos, psicólogos y otros. Estas normas tienen que ver con comportamientos, lenguaje, actividad política, etc., y se infiltran en la sociedad por muchas vías, entre otras, a través de los medios de comunicación, organizaciones fantasma de los partidos políticos y gobiernos, como las “Universidades de Pacientes”, sobornos a asociaciones y por la utilización de “pacientes expertos” escogidos, mantenidos y promocionados por las Administraciones, partidos políticos y otros.
“Fibro-parkings” y psicotrópicos para los nuevos refugiados
En los casos de SSC se añade al sufrimiento físico derivado de un abanico más amplio, severo, variable e imprevisible de síntomas que en ninguna otra enfermedad crónica, el sufrimiento causado por el desamparo administrativo y médico.21 A medida que la persona con fibromialgia, SFC/EM o SQM, enferma y su biografía se interrumpe22 con grandes pérdidas laborales, sociales y económicas, se enfrenta, perpleja, a su nuevo estatus, similar al de un refugiado por haber perdido, de repente, sus derechos constitucionales que incluyen acceso a servicios sanitarios relevantes y otros derechos sociales.
En todos los países desarrollados el acceso a servicios sanitarios públicos especializados para los SSC es casi inexistente.24 Los pocos servicios que hay (relevantes o no) tienen listas de espera de dos a tres años,25 durante los cuales el enfermo empeora,26 además de estar en un limbo legal que le causa grandes problemas laborales. Las Administraciones Públicas han hecho todo lo posible para no atender estas enfermedades. Pero ahora que la alta prevalencia de los SSC se obvia y que se ha descubierto un peligroso retrovirus (el XMRV) que puede estar implicado en estas enfermedades,28 las Administraciones se ven desbordadas por las consecuencias de lo que no hicieron en las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX. Pero incluso así, están llevando a cabo más estrategias para no prestar servicios a estas enfermedades.
Como se ha dicho, en el Reino Unido y en otros países europeos evitan ocuparse de estas enfermedades al definirlas como psicológicas o psiquiátricas.29 En España, concretamente en Cataluña, el Departament de Salut de la Generalitat finalmente se vio obligado, en 2008, a organizar Unidades Hospitalarias Especializadas (UHE) para la FM y el SFC/EM por la Resolución 203/VIII votada por unanimidad por el Parlament de Catalunya. Esta resolución fue el compromiso al que llegó el Gobierno del tripartito y las asociaciones de pacientes de FM y SFC/EM, que recogieron 140.000 firmas (cuando sólo se necesitaban 50.000) para una Iniciativa Legislativa Popular (ILP), en la que exigían servicios sanitarios relevantes y especializados (que equipararan estas enfermedades con otras parecidas como la esclerosis múltiple), formación de médicos, un trato más justo por el Insitut Català d’Evaluacions Médicas, etc.
Después de dos años de incumplimiento de la resolución, pero con la constante presión de las asociaciones de pacientes, el Departament de Salut ha encontrado otra manera de seguir sin atender a este 5% de enfermos que padece SSC, y que permanecen en el estatus de “refugiados”: en lugar de atenderlos ha creado “fibro-parkings”, como dicta la Resolución, con especialistas (internistas, pediatras, cardiólogos y reumatólogos). Estos “fibro-parkings”, están coordinados mayoritariamente por reumatólogos afines al partido del Gobierno que gestiona el Departament de Salut31 y muchos de ellos están estrechamente relacionados con la farmacéutica del neuroléptico que se receta masivamente en las UHE.
El enfermo, al acudir a la UHE, tenga SFC/EM, SQM o FM, es automáticamente diagnosticado con “fibromialgia”, haciendo que la prevalencia de esta enfermedad en España sea la más alta del mundo, con porcentajes entre el 5 y 14 % de la población general, que distan mucho del 2,4% de otros países similares.33 Esta situación ya ha sido criticada por algunos médicos españoles. Este diagnóstico de fibromialgia se establece sin pruebas ni analíticas previas y sin ninguna valoración funcional (grado de severidad), o se establece el “diagnóstico” de “fibromialgia leve” aunque la severidad sea otra. Al paciente se le receta antidepresivos, antiinflamatorios y neurolépticos y se le “aparca” en un grupo educativo o en Terapia Cognitivo Conductual.
Esta desatención está forzando a las personas con SSC a buscar atención médica eficaz en la medicina privada, donde los tratamientos y las analíticas (de microinmunología, virología, bioquímica y genética) cuestan hasta unos 6.000 euros al año, lo cual aumenta las desigualdades sociales y convierte el tema socioeconómico en un problema principal en estas enfermedades.
La mayoría de los médicos en los países desarrollados, que hasta hace poco desconocían estas enfermedades, ahora, sobre todo en el caso de la FM y el SFC/EM (las SQM siguen siendo las grandes desamparadas), dicen que las conocen pero que no “creen” en ellas, como si las patologías fuera opiniones o creencias. En realidad, ni “creen” en ellas ni las conocen realmente porque no saben trabajar con ellas. Los pocos médicos que están diagnosticando FM y SFC/EM lo hacen sin las analíticas establecidas por los criterios canadienses, criterios reconocidos mundialmente para diagnosticar estas enfermedades. Estos médicos tienden a diagnosticar, cuando lo hacen, una enfermedad crónica y que, sencillamente, el paciente debe “adaptarse” a ella. Los tratamientos con psicotrópicos y antiinflamatorios resultan nocivos para los enfermos con SSC porque dañan las particulares disfunciones mitocondriales, inmunológicas y bioquímicas,  y los medicamentos como los neurolépticos que en Europa están prohibidos para su uso en los SSC se recetan masivamente entre estos pacientes y es una medicación fabricada por la farmacéutica que colabora con el partido mayoritario del Gobierno, sus fundaciones y sus médicos, en sus actividades sobre la fibromialgia y el SFC/EM.
También se presiona, de una manera coercitiva45 a los pacientes con SSC para que participen en “tratamientos” que no son tratamientos, como la Terapia Cognitivo Conductual y el Ejercicio Gradual (GET), que se han demostrado como ineficaces y hasta dañinos para las personas con SSC. Además, la mayoría de los médicos no saben cómo diagnosticar la superposición que ocurre entre las tres enfermedades en un 70% de los casos porqgre comunes no demuestran anomalías debido a que estas enfermedades son “micropatologías”, en las que el daño está dentro de o en la membrana de las células.
Esta falta de conocimientos de los médicos y sus actitudes burlonas hacia estas enfermedades conducen al enfermo a un peregrinaje médico en búsqueda de un profesional sanitario que tenga unos conocimientos mínimos de estas patologías.
Al peregrinaje médico en los SSC se añade el peregrinaje jurídico, ya que, en la mayoría de los casos en los que el médico especialista declara que el paciente está demasiado enfermo para seguir trabajando, los evaluadores médicos de la Administración o aseguradoras dicen lo contrario. Esto lleva al enfermo a un proceso largo, estresante y caro a través de los juzgados en su intento por recibir algún tipo de ayuda económica. Este proceso jurídico, según las investigaciones de la catedrática canadiense de Derecho sobre Salud y Seguridad Laboral, Katherine Lippel, empeora la salud de la persona. La socióloga sueca, Pia Bülow, en su investigación con mujeres con SFC/EM, ha observado también que la denegación de ayuda económica sabotea las estrategias de la persona para convivir con su enfermedad. Pero, sobre todo, la denegación de pensiones a las personas con SSC mantiene un fuerte control sobre los enfermos para que limiten sus quejas y protestas por miedo a represalias tales como no recibir un informe médico acorde con sus limitaciones y, sobre todo, no obtener una prestación económica. Es mucho más fácil disciplinar a los enfermos que están en dificultades económicas y pendientes de recibir una pensión53 o, en el caso de que la reciban, pendientes de las re-evaluaciones anuales o bianuales de la Administración o aseguradora.
Un análisis cualitativo entre asociaciones FM, SFC/EM y SQM en España evidencia que gran parte del alto nivel de suicidios que existen derivados del padecimiento de estas enfermedades ocurre, sobre todo, después de que el enfermo haya sido dado de alta estando aún incapacitado para trabajar. Este hecho demuestra el alto nivel de desesperación causado por la desatención social y económica de las personas con SSC. El suicidio, como también las huelgas de hambre llevadas a cabo por las mismas razones, es una invitación a ver lo que la sociedad no quiere ver. Y lo que no se quiere ver es que la pobreza económica es uno de los problemas principales de los enfermos con SSC. La mayoría de las personas con estas enfermedades vive con pensiones míseras, sin pensiones o sin ningún otro tipo de ingresos, lo que les lleva a convertirse en “sin techo invisibles” alojados en lugares y circunstancias nada favorables al autocuidado.
Verbicida: las palabras para controlar y dañar
El uso del lenguaje por los Gobiernos, médicos, otros profesionales sanitarios y medios de comunicación reproduce las narrativas de la sociedad política y es la primera y más poderosa arma para ejercer el poder y convencer de la necesidad de ciertas políticas, acciones e inacciones por parte de las Administraciones. Podemos ver numerosos ejemplos de esto en las políticas gubernamentales aplicadas a los SSC y,  specialmente, en los documentos de planificación de estas Administraciones, en cómo los médicos son formados para trabajar y, en general, en cómo estas enfermedades son representadas en el lenguaje social para deslegitimizar a los enfermos, intentando convencer que la etiología de sus enfermedades es psicológica o «moral» en vez de orgánica. El efecto inmediato de esto es que no se cree a los enfermos y son etiquetados de «vagos», «cuentistas» o «neuróticos», y son cuestionados constantemente con comentarios como «no tienes aspecto de estar enfermo» y «podrías poner más de tu parte».
Pero, posiblemente, el ejemplo más obvio del verbicidio en estas enfermedades está en el uso de la Terapia Cognitivo Conductual (TCC). Las administraciones y el establishment médico han establecido el uso de la TCC como herramienta coercitiva, determinando que es un «tratamiento» para estas patologías, concepto que los científicos internacionales rechazan. Las investigaciones demuestran que, aparte de ser una manera de evitar el uso de tratamientos biomédicos útiles (lo cual exigiría un arduo nuevo aprendizaje por parte de los médicos), la TCC está siendo utilizada en los SSC para avanzar en la agenda política de las Administraciones, sobre todo, en su objetivo de que las personas con estas enfermedades no reciban pensiones. A los enfermos de SSC se les dice, en las sesiones de TCC, que sus pensamientos son «inadaptados» y que por eso están enfermos, y que cambiando sus pensamientos «erróneos» podrán volver a trabajar después de diez semanas de TCC. Todo el lenguaje utilizado en la TCC en estas enfermedades está diseñado para humillar a los enfermos.
Culpabilizar a los «cuerpos inútiles»
Por mucho que los que proponen la TCC presionen a los pacientes de SSC con indicaciones como «pon más de tu parte», la realidad de estas enfermedades es que las limitaciones físicas son mayores que en la esclerosis múltiple66 y el enfermo pierde, a una joven edad, su rol familiar y social, cualquier estabilidad económica y laboral que hubiera construido con los años o la que aún no ha tenido la oportunidad de construir, como en el caso de los adolescentes y niños enfermos. Al dejar de producir, al no ser ya un «cuerpo útil” para el capitalismo, el enfermo siente una culpa que es reforzada por comentarios sociales tales como: «¡Qué suerte tienes de pasarte el día echado sin trabajar!».
La culpa aumenta en las mujeres con SSC porque la sociedad machista les recuerda, día tras día, que no están cumpliendo su rol como gestora del hogar y de la familia. Además, no sólo no puede ocuparse de los demás como hacía antes, sino que ella ahora necesita que la cuiden. Esto altera las relaciones familiares y sociales. Esta situación se agrava más en las personas con Sensibilidades Químicas Múltiples, enfermedad en la cual la persona necesita la comprensión y colaboración activa de su familia y de su entorno social para no estar expuesta a productos químicos que empeoran su salud (perfumes, after-shaves, detergentes y suavizante, productos de limpieza del hogar, ambientadores, pesticidas y muchos otros productos). Al aislamiento de estar forzada a quedarse dentro de su casa en la que ha podido reducir los productos tóxicos, mediante el denominado Control Ambiental, la mujer con SQM sufre un aislamiento emocional añadido al no ser comprendida ni creída.
Esta discriminación de género también es vivida por la mujer con SSC en la consulta del médico, en la cual los síntomas de dolor y fatiga extrema se ven como «quejas de mujeres » y no se toman en serio como cuando un hombre presenta los mismos síntomas. Las enfermedades orgánicas que producen fatiga son las que más están cuestionadas y deslegitimizadas por los profesionales sanitarios. Y, si además el paciente que tiene fatiga es mujer, es más probable que sea diagnosticada como deprimida que un hombre con los mismos síntomas.
Hay otro tipo de culpabilidad añadida a la persona con SSC, sea mujer u hombre. En una sociedad en la que se hace creer que la buena salud es el resultado, en parte, de una actitud “positiva” y de un estilo de vida “correcto”, cada fluctuación y empeoramiento es visto por el entorno del enfermo, médicos y otros profesionales socio-sanitarios como un acto de irresponsabilidad.
La culpa es también el arma principal de los médicos, sistema educativo y Administraciones contra los padres de niños y adolescentes con SSC. Al no querer reconocer la evidencia científica que demuestra una alta incidencia de SFC/EM entre niños y adolescentes, y no querer organizar atención médica, económica y social para estas familias, las instituciones utilizan la culpa («debería usted reconocer que no son buenos padres») y la amenaza de perder la custodia del niño para acallar y controlar esta situación. En nuestra sociedad, unas pocas personas con ciertas enfermedades o discapacidades conocidas, y con comportamientos vistos como “positivos” por la prensa y las Administraciones, son etiquetados como héroes:74 el joven que dio la vuelta al mundo en silla de ruedas, el político que continúa su actividad pública teniendo cáncer, etc. Pero las personas con SSC no son vistas como “héroes discapacitados” aunque para ellos el estar sentados y prestando atención a una conversación durante media hora puede ser como subir el Everest. Ninguno de los actos heroicos que la persona con SSC lleva a cabo en su vida cotidiana como ducharse sin ayuda y sin desmayarse, cruzar la calle, levantarse al lavabo, está visto como un indicador de “una vida bien vivida” como lo sería una carrera exitosa.
El culpabilizar es otra manera de individualizar la enfermedad y hacer que el enfermo piense que es sólo su problema y que no piense de una manera colectiva, que no tome conciencia de que su enfermedad es un problema que un alto porcentaje de la población tiene, un alto porcentaje con el que podría unirse, romper su aislamiento y luchar por sus derechos.
El potencial movilizador de los SSC Aún así en este siglo, las personas con SSC se están organizando desde su aislamiento individual a través de las nuevas tecnologías y llevan a cabo importantes acciones políticas y educativas. Aunque sus tareas principales siguen siendo el peregrinaje médico, el peregrinaje jurídico y, sencillamente, sobrevivir económicamente y anímicamente, hay un alto nivel de conciencia sobre la exclusión y las injusticias que viven.
Pero el resto de los ciudadanos no están aprovechando el potencial movilizador que los SSC ofrecen. Las situaciones creadas alrededor de estas enfermedades son un ejemplo de una crisis hegemónica, una crisis “orgánica”, como decía Gramsci, que no es un evento inmediato sino un proceso. La conexión entre las injusticias medioambientales (que, además de estar implicadas en los SSC, son la causa principal del drástico aumento en la prevalencia del cáncer), las económicas, las de género, los abusos del establishment médico y de las farmacéuticas, las políticas antisociales y privatizadoras de los Gobiernos, la desprotección de los niños y los jóvenes que viven con estas nuevas enfermedades son una gran oportunidad para que los ciudadanos tomen conciencia. Los movimientos ecologista, feminista y sindicalista, la izquierda independiente y los profesionales sanitarios que desean ser realmente empáticos tienen la oportunidad, en los SSC, de crear alianzas y de sumar posiciones y acciones para crear un mundo más justo.

domingo, 5 de junio de 2011

EMOCIONES INTELIGENTES

La inteligencia no está relacionada sólo con las habilidades cognitivas. Las emociones desempeñan un papel determinante en la manera en que una persona se desarrolla.
Las emociones inteligentes pueden convertirse en el secreto para mejorar el entorno personal, laboral y afectivo de cualquier persona
No parece una tarea fácil saber cómo actuar ante sucesos que aparentemente están fuera de nuestro alcance. Pero por muy complicado que parezca, existen  personas que pueden superar fácilmente obstáculos y logran controlar sus emociones frente a la infinidad de complicaciones en sus vidas.
Una de las tácticas que han tomado gran fuerza en los últimos años es la llamada “inteligencia emocional”, término que alude a la capacidad que tiene el ser humano para tomar conciencia de su vida a través del conocimiento y entendimiento
Este término fue popularizado por Daniel Goleman quien, en su libro Inteligencia Emocional, publicado en 1995, estima que esta capacidad se puede organizar de la siguiente forma: primero, conocer las emociones propias, manejarlas y reconocerlas. Después, ser creadores de una motivación propia. Y finalmente, aprender a gestionar las relaciones. También señala que "la inteligencia emocional permite tomar conciencia de las emociones, comprender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frustraciones que se soportan en el trabajo. Acentúa la capacidad para trabajar en equipo y permite adoptar una actitud empática y social que brinda mayores posibilidades de desarrollo personal".
Es decir, la inteligencia emocional ayuda a saber cómo reaccionar ante los obstáculos, además permite tomar una posición mucho más empática, lo que hará mejorar las relaciones interpersonales.
Adquirir habilidades para incrementar la inteligencia emocional no puede hacerse siguiendo una fórmula mágica, pero existen algunas claves que pueden seguirse para lograrlo:
Conocer las propias emociones. Muchas veces se ocultan los sentimientos para evadir tristeza, enojo o hasta la misma felicidad. La inteligencia emocional invita a tomar conciencia de uno mismo a través del reconocimiento de un sentimiento justo en el momento en que está presente. Es decir, saber qué momento o situación nos despierta determinado sentimiento, sin confundirlo u ocultarlo.
Manejar las emociones. ¿Cuántas veces reaccionamos de manera violenta ante un enojo? Esto ocurre como consecuencia de permitir que las emociones controlen nuestros actos. La inteligencia emocional consiste en saber canalizar las emociones correctamente.
Motivarse. Todos los días debemos controlar la impulsividad y esperar para obtener la recompensa; esto  permite alcanzar nuestros objetivos y estar contento con los logros.
Buscar la empatía. Aprender a reconocer las necesidades y emociones de quienes nos rodean, lo que permitirá establecer sanas relaciones sociales y crear vínculos que mejoren nuestro entorno.
Manejar las relaciones. No se trata de engañar a la gente, al contrario: es actuar de acuerdo con las emociones de los demás.
Beneficios
Tendemos a pensar que probablemente las reacciones emocionales son algo totalmente inherente a la naturaleza humana. Sin embargo, esta afirmación no considera los beneficios que las relaciones  interpersonales pueden tener si antes de actuar se escucha con atención al yo interno, además de tratar de entender los sentimientos de quienes nos rodean.
Aplicar la inteligencia emocional es una forma de identificar y conocer nuestros sentimientos y, por lo tanto, las formas de reacción; al aplicarla se puede aprender a conocerse a uno mismo de tal forma que se identifique qué es lo que puede llevar al éxito y no al fracaso.
Las emociones inteligentes pueden convertirse en el secreto para mejorar el entorno personal, laboral y afectivo de cualquier persona
Emilia

SABIDURÍA

En los tiempos antiguos, la sabiduría era el producto de un concienzudo estudio sobre diversas disciplinas o aspectos de la realidad humana.
En la actualidad tenemos una concepción un poco diferente de lo que es sabiduría. Una persona puede tener mucho conocimiento y sin embargo, no tener idea de sabiduría. Hoy la sabiduría tiene más que ver con prudencia, sensatez, sentido común, ecuanimidad, madurez, discreción, cordura, discernimiento, actitud equilibrada, buen juicio, moderación, autocontrol y autoconocimiento. Galileo Galilei decía: “La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo”.
La sabiduría no se nos da, sino que debemos aprenderla y descubrirla a través de nuestra propia experiencia, de errar y equivocarnos, pero también a través de la instrucción y el consejo. Son los años los que mejor nos traen sabiduría. Leonardo Da Vinci decía: “La sabiduría es hija de la experiencia y siempre pide consejo al que sabe corregirse a sí mismo”. La sabiduría es vida y quien la aprende ya tiene asegurado el resto de sus días, porque es la clave del éxito, del buen vivir y de la prosperidad.
Una persona sabia es aquella que:
•Es coherente entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace.
•Desarrolla una actitud positiva frente a la vida y a sus circunstancias, ya sean adversas o no.
•Sabe integrar ampliamente su mundo interior con su entorno social.
•Sabe reconocer cuando se equivoca y lo admite rápidamente.
•Es humilde para aprender y cuestionarse.
•Sabe escuchar con atención y respeto a los demás.
•Asume los obstáculos y los enfrenta.
•Sabe encontrar posibilidades y resultados donde otros solo ven problemas.
•Valora su presente como su mayor tesoro.
•Agradece sus dones y no se queja por sus inconveniencias.
•Integra experiencias y aprendizajes.
•Sabe controlar sus emociones.
•Sabe disfrutar del silencio.
•Habla poco pero cuando lo hace es bien escuchado.
•Lucha por sus ideales.
•Olvida el ayer y mira al futuro.
•Sabe tomar decisiones frente a las circunstancias que lo rodean.

Emilia

viernes, 3 de junio de 2011

LA ENVIDIA (Publicado en "Toda mujer es Bella)

Hola amigas, siempre he pensado que si la envidia fuese de color estaríamos pintadas.
Siempre hay envidia por lo que otras personas poseen o logran en la vida. La envidia puede hacer más daño de lo que creemos, aleja a las personas de nosotros, incluso a los amigos. Y no sólo aleja a los amigos, sino que incluso provoca que nosotros mismas seamos quienes nos alejamos de ellos. La envidia nos aleja de nuestras amistades porque no nos permite actuar bien, codiciamos lo que otros tienen, y eso no es bueno ni para el corazón ni para el alma.
Siempre encontraremos personas que tienen más que nosotras, pero lo que hay que hacer es ser buenas y alegrarse por ellos. Muchas personas pasan por nuestras vidas, y si tienen más de lo que tenemos nosotras es más que probable que sea fruto de su esfuerzo y sacrificio. El problema radica en que tendemos a no ver eso, y sólo vemos lo que tienen y lo que nosotras no tenemos, y eso tiene consecuencias directas sobre nosotras, eso nos afecta.
La envidia existe en todas las clases sociales, y a todo nivel.
Una persona envidiosa es mala influencia para ti, es malo que esté en tu vida porque no importa cuánto le ayudes, o cuánto trates de ser correcta con esa persona, siempre creerá que lo merece más que tú.
Por mucho que intentes complacer a una persona envidiosa, por mucho que le intentes ayudar, nunca lo lograrás. Se te puede ir la vida intentando ayudar y complacer a una persona envidiosa, porque nunca tendrá suficiente, nunca tendrá todo cuanto cree merecer.  Y aunque resulte evidente, la persona envidiosa tiene algo malo, algo con poder de destrucción: la envidia.
Cuando hay envidia sólo Dios puede hacer algo, porque es imposible complacer a los envidiosos. Son personas amargadas, nunca están contentas, siempre están aburridas. Puedes complacerles por un rato, por unos días… pero pronto surgirá otra vez el rencor que provoca la envidia, las malas acciones, las críticas, el hablar mal de ti y todos…
A una persona envidiosa, tan pronto le complaces en algo se fijará en otra cosa que codiciar, pues la persona envidiosa ya da por sentado que merece aquello en lo que le has complacido, cree que era su derecho, que a fin de cuentas sólo se ha hecho un poco justicia a su vida, que tan injusta la ve.
Las personas envidiosas podrían tenerlo todo, y nunca sería suficiente. Y muchas veces lo tienen todo, pero no están contentas, desean más. Lo que no tienen es porque no lo buscan, lo buscan en tus manos pero no en el esfuerzo de sus propias manos. Esas personas sólo traen tristezas al corazón, especialmente cuando son cercanas a ti.
Muchas veces, en el trabajo sucede lo mismo. Si eres buena trabajadora, y te esfuerzas en lograr una meta, la persona envidiosa siempre estará ahí para hacerte la vida imposible, porque no es capaz de asumir su propia vida, siempre vive pendiente de ti y de los demás, y al final quien intenta ayudar a una persona así se acaba amargando porque nunca se le podrá complacer, porque dentro de estas personas habita el egoísmo.
No hay envidias sanas, la envidia es una mala conducta que debemos trabajar en eliminar. Si tienes capacidad y seguridad en ti misma no debieran existir esos sentimientos tan negativos que provoca la envidia.  Debes trabajar en tu interior, dejar de fijarte en lo que tienen los demás, dejar de fijarte en lo que crees que te corresponde a ti pero que otras personas han logrado, debes superarte a ti misma y no involucrar a otras personas.
¿Existe la envidia sana?
No, no existe y hay que sacarla fuera de nuestras vidas. La envidia, cualquiera que sea, sólo nos hace desdichadas, y la envidia tiende a crecer cuando se le alimenta; hay que eliminar esos sentimientos de raíz,  desde el primer momento en que las sintamos venir. Sé feliz con lo que tienes, sé feliz con el éxito de quienes te rodean (aunque creas que tienen más de lo que merecen mientras tú tienes menos).
La persona envidiosa crecerá con sentimientos de frustración y vacío interior, y siempre será un adulto envidioso, y lo peor de todo es que afectará a todos los que le rodean, contaminándolo todo; su rencor y envidia lo lleva a contaminar los éxitos ajenos, y si el éxito es de una persona cercana esa persona no podrá disfrutar plenamente de sus propios éxitos, porque la envidia destruye lo contamina todo.
Las personas envidiosas suelen tener excelentes habilidades para manipular a los demás. Muchas veces la persona envidiosa se esconde detrás de una cara dulce y agradable, sabe aparentar ser una buena persona y cae muy bien, incluso pareciendo una persona humilde y desinteresada.
Pero ojo, porque cuando realmente conoces a la persona envidiosa descubres que nunca se alegra por ti, y cuando lo hace es una alegría falsa, para sacar provecho de ti. Cuando te ayuda, por mucho que diga, no lo hace desinteresadamente ni por hacerte un favor, lo hace para tomar crédito y gloria de lo que hace. Constantemente te recordará cualquier “favor” que te ha hecho, y se encargará de pregonar a todo el mundo lo buena persona que ha sido contigo, que sin su ayuda no tendrías lo que ahora tienes.
Es difícil estar junto a una persona envidiosa, lo contamina todo: no sólo su propia vida y sus propios éxitos, sino también tu vida, porque las personas con envidia no sólo son víctimas de sí mismas sino que siempre tienen victimas, como puedes serlo tú.
Si eres una persona envidiosa y quieres salir de ese mal estado Examina tu corazón, y busca la razón por la que no eres feliz con lo que tienes, la razón por la que siempre te fijas en lo que tienen los demás y no eres capaz de disfrutar de aquello que tienes, aunque sea poco. No permitas que la envidia albergue tu corazón, porque la envidia contamina.
¿Qué opinan?

DEPENDENCIA EMOCIONAL: CODEPENDENCIA (Artículo publicado por Artritis Reumatoide)

DEPENDENCIA EMOCIONAL (CODEPENDENCIA)
La codependencia es el apego obsesivo a quien se ama. Es el deseo de controlar a los demás. Afecta a mujeres y hombres.
No es fácil detectar los comportamientos codependientes en nosotros mismos o en las personas a nuestro alrededor. Se trata de un tema relativamente nuevo. Más bien, por lo general, en nuestra cultura los síntomas de codependencia se confunden con actitudes buenas. La terapeuta norteamericana Robin Norwood esclarece estos conceptos.
Algunos síntomas de codependencia
•Interferir demasiado en la vida de nuestros familiares. Aun cuando se les impide crecer y se violen espacios privados, se considera erróneamente una forma de cariño.
•Volver a perdonar a una pareja que nos traiciona varias veces, puede aparentar paciencia.
•Escoger exclusivamente parejas con problemas graves, se interpreta como valor o altruismo.
•Tener un miedo aterrador a separarnos, se cree que indique amor.
•La obsesión se confunde con el enamoramiento.
Dónde se origina la adicción
En realidad se trata de actitudes destructivas, que se originan en el intento de llenar un vacío interior. Están presentes en aquellas personas que no han terminado de desarrollar su personalidad en la niñez. Estas personas huyen del dolor que les ocasionaría el análisis de traumas no resueltos.
El codependiente necesita que un ser querido le proporcione continuas preocupaciones y fuertes emociones con las cuales distraerse. Por esto escoge relacionarse con personas difíciles. El hecho de pensar que su pareja no sobreviviría sin su ayuda, y de creer que un ser autosuficiente no sería capaz de quererle, son síntomas de su baja autoestima, debida a su escasa madurez.
El codependiente imagina que su pareja cambiará gracias a su dedicación. Pero no desea que este tome la iniciativa de acudir a una terapia. En realidad, si su pareja se curara, la relación se acabaría.
Escoge una persona que no sepa darle amor. De lo contrario debería relacionarse sinceramente y dejar de tapar sus emociones. Prefiere enfrentar situaciones de profundo estrés antes que enfrentarse a sí mismo. No soporta la soledad.
Los medios de comunicación no animan a tener relaciones sanas
Desde hace más de dos décadas se difunden estudios específicos sobre codependencia. No obstante, como advierten los mismos escritos, radio y televisión transmiten masivamente relatos de amor dependiente. 'Morir por ti' y 'Morir sin ti' se consideran frases románticas. Algunas canciones hasta comparan el amor a una droga. Se cree que una novela de amor donde no haya excesivos sufrimientos no tendría éxito. El querer el bien del otro como el propio, el desear su felicidad y su crecimiento personal, son actitudes menos representadas en comparación con los sentimientos de apego.
A menudo los vecinos de una persona codependiente no la animan a curarse. Se limitan a decirle que su pareja no le merece, pero que su abnegación demuestra verdadero amor. En la relación entre familiares y entre amigos, con frecuencia se viven situaciones de dependencia.
Desear ser indispensables. Depender emocionalmente de las actitudes del otro. Perder el control de nuestras vidas, mientras luchamos para controlar a otros, según los expertos son índices de codependencia.
La familia disfuncional
El libro que más ha dado a conocer este tema fue escrito por Robin Norwood en 1985. Tras años de trabajo como terapeuta familiar, ella pudo notar que las parejas de adictos a drogas o alcohol procedían frecuentemente de una familia disfuncional. El término codependente es la generalización del término coalcohólico, con el cual los Alcohólicos Anónimos se refieren a sus parejas.
La familia disfuncional es aquella que no proporciona amor y protección a los menores. Estos niños muchas veces asumen el rol de padres de sus padres. Ayudan al adulto psicológicamente frágil y se acostumbran a hacerse cargo de sus sentimientos, olvidando la propia tarea de crecer.
¿Qué características tienen las parejas de los codependientes?
Según la experiencia de Robin Norwood, los hombres que sienten un vacío interior, tendencialmente lo llenan volviéndose adictos a drogas o alcohol, al deporte o al trabajo. Las mujeres, más a menudo se apegan obsesivamente a la pareja. El amor para ellas es una verdadera adicción. Si bien en menor número, también hay hombres codependientes.
La diferencia entre pasión y adicción es el poder disfrutar de algo en momentos oportunos, sin volverse esclavos. No utilizar esta costumbre para alienarse. Quien sea afectivamente inaccesible se convierte en pareja ideal para el codependiente. De hecho, la verdadera relación afectiva implica conocerse y darse a conocer y se establece entre individuos íntegros, que deseen acercarse y tener objetivos en común.
Qué profesiones escoge el codependiente
Por sus características, asegura Norwood, el codependiente tiende a escoger una profesión relacionada al cuidado de personas. Enfermería, psicología, asuntos sociales, enseñanza, entre otros. Aprender a relacionarse de forma sana en el trabajo es una dura tarea, en estos casos.
En su libro 'Las mujeres que aman demasiado' Robin Norwood indica que, para curarse, el codependiente debe buscar ayuda específica. Debe hacer de su curación una prioridad absoluta. Muchas veces puede ser difícil encontrar el profesional adecuado al cual acudir. Según afirma Norwood, la codependencia se puede curar asistiendo a un grupo de autoayuda. También es bueno complementar la terapia con el apoyo de un profesional, pero la asistencia a grupos de apoyo es imprescindible. Y por sí sola es suficiente.
Cómo funcionan los grupos de autoayuda y dónde se encuentran
Se trata de grupos de personas que reconocen ser codependientes y quieren aprender a vivir relaciones sanas y satisfactorias. En sus encuentros comparten experiencias vividas en primera persona sobre cómo han perdido el control a causa de los sentimientos. Verse reflejados en las experiencias de otros provoca una autocuración.
El proceso no es rápido porque se deben enfrentar los traumas infantiles que por tanto tiempo se habían escondido. Se van adquiriendo actitudes nuevas, deshaciéndose de las viejas. El programa se basa en los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, y en la fe, como cada uno desee expresarla. Es preciso dejar el control obsesivo del ambiente por parte de la racionalidad.

ENVEJECER SABIAMENTE

Envejecer es algo inexorable, claro que no todos lo hacen de la misma manera.
En estos tiempos, el físico ocupa un lugar muy importante. Prueba de ello es el auge creciente de las intervenciones de cirugía plástica. No hay nada de malo en intentar ofrecer una imagen más atractiva. Siempre que este deseo no se convierta en una obsesión enfermiza.
Una de las intervenciones más demandadas a partir de cierta edad es el lifting. Las arrugas son unas traidoras delatoras del paso del tiempo y por supuesto, desprenderse de ellas es algo que para muchas personas no es ni mucho menos una frivolidad, ya que la autoestima a veces peligra.
No todo el mundo lleva bien lo de envejecer y además, desgraciadamente, algunos envejecen mucho mejor que otros. Sentirse bien con el físico puede ser muy importante, sobre todo en algunas situaciones de la vida.
El espíritu envejece también con los años y el efecto es mucho más devastador que el envejecimiento físico. Como suele ocurrir tantas veces, la mejor herramienta es la prevención, para que los efectos del paso de los años se noten lo menos posible, y así evitar o por lo menos paliar las arrugas en el alma.
Pero esta prevención es muy difícil; la vida poco a poco va influyendo con sus acontecimientos y en muchísimos casos incluso se envejece prematuramente. No es raro encontrar jóvenes que en realidad son unos viejos.
Tener el espíritu envejecido es un mal asunto. En este caso el lifting es bastante complicado, y además no hay cirujanos plásticos para el alma. Todavía no existe una especialidad médica que haga rejuvenecer el interior. Por lo tanto hay que estar alerta a los posibles síntomas premonitorios, ya que a partir de cierto punto no hay retorno.
Un síntoma muy característico y alarmante es tener una dureza especial en el corazón. Ésto  puede ocurrir en todas las edades. Su consecuencia es el agotamiento de las ilusiones, tanto de las actuales como de las futuras.
Hay que luchar para no perder las ilusiones
Es la principal lucha contra el envejecimiento prematuro del espíritu. No hay que rendirse nunca ni descuidar la guardia ante la tendencia a perder las ilusiones que con el tiempo acecha.
La empresa es realmente difícil porque pueden ocurrir muchos acontecimientos en la vida que queman y entristecen; pero hay que aferrarse a lo que se sea, ya que perder el patrimonio de las ilusiones es realmente una pérdida destructiva.
A los jóvenes de espíritu se les nota. No importan ni las canas ni las arrugas para reconocerlos. Sus miradas conservan todavía ese aire soñador de la juventud y hasta una pizquita de ingenuidad. Aún se emocionan con una canción de amor y les puede latir fuerte el corazón cuando sienten la presencia de alguien especial. Son rocas admirables, vencedores de la vida que conservan las alegres ilusiones. Todavía les sigue gustando la poesía y se muestran cómplices y compañeros de los jóvenes. No envidian la juventud porque no se sienten viejos, aunque se cuidan para estar lo mejor posible dentro de su edad. Son bondadosos.
Como se ha dicho antes, rejuvenecer el espíritu cuesta mucho ya que la cosmética y la cirugía son inútiles en estos casos. El amor, como siempre, resulta la mejor medicina. Para el AMOR no existe edad.
Emilia